jueves, 20 de diciembre de 2012

MIS DESEOS PARA LA VISPERA DEL FIN DEL MUNDO


                Hoy podemos decir que el mundo se divide en dos tipos de personas. Y no, esta vez no me estoy refiriendo a los que nos gustan las redes sociales y los que las consideran un exhibicionismo innecesario (el otro día, una amiga mía decía: “Yo, cuando era pequeña, quería leer la mente de los demás. Ahora, ya tengo FB”).
            Me refiero al grupo de los que piensan que el mundo se acaba mañana frente a los que no. Yo soy de los segundos, sobre todo porque está claro que es una apuesta segura. Si nos equivocamos, no va a venir nadie a recordándonoslo.
            Encima, los Mayas podían haber elegido otra fecha para colocar el fin del mundo; pero ¡la semana antes de Navidad ya es mala leche! Nos va a pillar a todos agotados: tratando de cerrar todo lo que tenemos pendiente en el trabajo antes de cogernos unos días de fiesta, ya casi saturados de cenas de empresa, cenas de amigos y comilonas varias para celebrar que desde el 24 no vamos a parar de zampar y beber ni un momento, saturados de festivales de villancicos, pastorcillos y espumillón. Y, sobre todo, histéricos después de pelear con jaurías enfurecidas de compradores que arrasan tiendas demasiado iluminadas, demasiado decoradas, llenas de gente y con la calefacción tan alta que te hace aprender control mental para tratar de no sudar debajo del abrigo, la bufanda y los guantes que son imprescindibles durante esta época para transitar por Pamplona.
            Igual los Mayas se referían a eso cuando nos anunciaron el fin del mundo. Transitar por los preparativos prenavideños en medio de la crisis que vivimos y hacerlo con una sonrisa y subida encima de unos tacones puede superar la paciencia de cualquiera.
            Yo creo que, en realidad, inventaron la historia esta del fin del mundo para que hagamos balance de nuestras vidas. Antes hacíamos eso para Nochevieja, pero ahora nos hemos hecho mayores y, esa noche, nos toca cocinar e invitar a la familia. Lo hacíamos también para nuestro cumpleaños, pero esos días bastante tenemos con llegar puntuales a la celebración familiar y que tu madre no diga “Ese vestido se te pega un poco al culo”.
            Así que la cultura Maya, que seguramente ya había sufrido todos esos imprevistos, inventó este fin del mundo de cartón piedra y que está dando tanto juego como lo hizo, en su momento, el cambio de milenio, la entrada del euro o el capítulo final de “Los Serrano”.
            Y a estas alturas, como ya no nos va a dar tiempo de celebrar el final en las islas Fidji, lo único que podemos hacer es reflexionar sobre los buenos propósitos que quiero plantearme para esta prórroga que estoy segura de que vamos a jugar a partir de mañana.
            Es complicado:
-          Dejar de fumar es un clásico; pero yo ya no fumo más que en ocasiones, así que no veo la necesidad de hacer un esfuerzo extra…  
-          Adelgazar tres o cuatro kilos era algo que me hacía más ilusión hace unos años que ahora, desde que he aprendido a quererme tal y como al parecer soy.
-          Viajar es una opción: pero desde que se inventaron los vuelos low cost se ha abierto un mundo de posibilidades y lo que me falta es tiempo para poder ir a todos los sitios que me apetece conocer.
-          El tiempo… Me falta tiempo para viajar o leer porque la mayor parte de mi tiempo libre lo dedico a mis hijos y eso es algo que me hace feliz y no quiero cambiar.
-          Mi trabajo es tan especial que, a pesar de que a veces se cruza un problema que me hace pensar que he perdido la vocación, el resto del tiempo me siento más que afortunada y disfruto con lo que hago durante 7 horas y media cada día.
-          El amor… ¡oh, el amor! No es que no pueda quejarme. En realidad, si tuviera que destacar una parcela de mi vida en la que he tenido éxito ha sido en esa, así que no parece una opción para los buenos propósitos.
-          La amistad, la gente que quieres… Tengo a mis amigas de siempre a mi lado, en mi vida ha ido apareciendo más gente que me quiere y a la que quiero y hasta he tenido la suerte de recuperar con los años a la única amiga que me importaba haber perdido.
-          Conclusión: solo me queda proponerme escribir esa novela que llevo diciendo que quiero escribir desde que tenía 12 años. Mi duda es porque no lo he hecho aun…
Bueno, mejor lo dejo o, si no, el fin del mundo me va a pillar sin buenos propósitos y también sin regalos de navidad. Esa es, en realidad la razón por la que la mayoría de nosotros nos cogemos fiesta en días intempestivos durante estas fechas. Para hacerles el trabajo sucio a Papá Noel, al Olentzero o a los Reyes Magos.
            Estoy segura que mañana no pasará nada distinto a lo que tenemos en la agenda. Yo, por ejemplo, la comida navideña con la gente del trabajo. Pero, si son los otros los que tienen razón: os deseo que el fin del mundo os encuentre bailando. 

1 comentario:

  1. Hey!

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